jessidj

Viviendo mi adolescencia en un laberinto

Aug 16, 2019

Luego de vivir mi infancia en aquellas calles de piñonal, nos mudamos a una nueva casa, con la promesa de que ahí estaríamos mucho más tranquilos ya que esta casa le pertenecía a un tío y nosotros estaríamos ahí en plan de cuidarsela mientras hacíamos vida en ella.

Aún recuerdo cuándo llegamos, nos recibía un gran patio dónde la grama verde te invitaba a querer revolcarte, dos palmeras de coco en toda la entrada y una gran puerta de madera que daba la bienvenida a aquella casa que aparentaba ser cálida.

Ya saben todo lo que implica una mudanza; limpiar, bajar cajas, desempacar, poner todo en orden...

mientras limpiábamos encontramos una foto familiar que lucia bastante antigua y a la vez un tanto tenebrosa, estaba llena de polvo y había sido guardada en la parte mas alta de un closet, sin embargo, lo ignoramos y la desechamos suponiendo que eran los antiguos habitantes, el ambiente fue tomando color y la luz entraba a la casa gracias a un gran ''traga luz'' que había en el techo entre la cocina y los cuartos.

Mi hermana y yo ahora teníamos mucho más espacio para correr, disfrutábamos jugar las escondidas, fue entre esos juegos que semanas después descubrimos que no conocíamos completamente la casa en la que vivíamos, por el lateral derecho (externo) de la casa descubrimos un pasadizo que parecía un laberinto, este daba con unos cuartos que no sabíamos de su existencia hasta ese momento, si, así como lo leen, al lateral izquierdo encontramos una puerta secreta que guardaba tras de ella un cuarto que al abrir parecía ser un anexo, este estaba repleto de muchos objetos, cosas... ya saben, como el ''cuarto de los corotos'', los dos nuevos cuartos que descubrimos pasaron a ser respectivamente el cuarto de mi hermana y el mio, a decir verdad hubiese preferido seguir durmiendo en la sala que habíamos convertido en cuarto, ya que estos dos cuartos parecían tan ajenos al resto de las casa.

A decir verdad no soy la persona más valiente del universo, pero tampoco puedo negar que esa casa me daba algo de miedo, muchas veces me tocó quedarme sola en ella y me confortaba poniendo el televisor a todo volumen mientras rogaba que llegara mi familia, sentía que había miradas sobre mi, tal vez era solo paranoia, lo cierto es que en esa casa viví una de mis tantas experiencias cercanas a la muerte, y no, no fue algo paranormal, fue con un trozo de carne, pero ese es otro cuento...

Lo mejor de la casa y mi adolescencia en ella fue cuándo finalmente nos mudamos... Hogar dulce hogar.

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