#GenteQueInspira2019 Nos enamoramos de una esencia, del alma...

Sep 23, 2019

Con una infancia coloreada de lecturas e histrionismo, y la afable recomendación de tu mamá para leer una novela polémica (no apta para tu edad pero que te deja leerla). No es de sorprenderse que fuese motivación para apasionarme por la escritura. Como romántico empedernido, el amor me llevó a escribir mi primera novela.

Comencé hacer radio junto con mi prima, un programa nocturno, juvenil, irreverente. Manteníamos unos personajes definidos, ella la chica sexy, atrevida; y yo, el galán piropeador, desfachatado. El primer día en cabina, con todos los nervios, el guión, la música, queda en mi alma el primer mensaje de texto que recibimos. Mensaje de un fan elocuente, inteligente, halagador, enigmático, las cualidades iban increcendo.

Fue inevitable dar las gracias e ir intercambiando palabras, caracteres más bien. Y así llegar a preguntarme: quién es, qué está pasando, es conmigo la cosa (lo primero que pensé que quería cuadrar con mi prima, casualmente el teléfono era mío, y se lo explique aclarando que podía propiciar el acercamiento con ella). Paralelamente me llama la atención alguien con quien me había topado un par de veces, no salió bien librado de esos encuentros (lo dejaron como pedante y maleducado). Pero el cuestionamiento se repetía: quién es, qué está pasando, y por qué me pongo nervioso. No podía evitar ponerme nervioso cuando estábamos cerca, incluso con otras personas.

El programa lo iniciábamos un lunes, en la mañana estábamos en producción ultimando unos detalles (esa fue la primera vez que lo vi, están en mi alma desde entonces sus ojazos negros, su fuerte piel canela, su velludo antebrazo. La segunda vez nos criticó con cierta prepotencia, entrando y todo a cabina (estaba relacionado con la emisora pero muchos no sabían de qué forma).

El jueves tuvimos un contratiempo con el transporte, salíamos tarde, y no teníamos efectivo. Había mil personas, dos mil soluciones, y yo marqué al chamo de los mensajes y apenado le expliqué la situación. Me dijo que estaba en una reunión de fin de año y no podía escaparse. Me preguntó dónde estábamos, y me dijo que no nos moviéramos, que hablaría con un amigo que tenía un taxi.

En menos de diez minutos, una Bronco se detiene y mi prima se acerca a conversar con el conductor, luego me llama para que me monte (el conductor era el chico mal educado y pedante). Ella vivía más lejos, y dijo que la lleváramos primero (cosa que yo la acompañara). De regreso el chico me buscó conversación, me felicitó por el programa, me comentó de unas críticas positivas que había escuchado en otra emisora, casi no cruzamos miradas, de un momento a otro me entró una tembladera más evidente en el brazo izquierdo (a todas esas no sabía por qué). Estaba preocupado porque no podía avisar al chico de los mensajes que nos dieron la cola. No me caía la llamada, y tampoco caía la contestadora. Cuando me dejó en mi casa mi impresión de él había cambiado, le dije que estábamos a la orden (todo muy amable sin ningún otro interés).

Al día siguiente, viernes, lo invité para una reunión que tendríamos en la noche ya que íbamos dos horas al aire. La invitación fue por la reivindicación de la noche anterior. No se presentó pero tampoco se excusó, también había invitado al chico de los mensajes, a mitad de la reunión se excusó ya que no iría. Entre una cosa y otra mencionó que no era el momento de conocernos (muy enigmático, me causó gracia). No había interés sexual, nuestras conversaciones eran: largas, llenas de sabiduría, consejos, reflexiones. Ante tal empatía ese día más tarde le hablé de mi orientación sexual. Evitando que se molestará si yo mal interpretaba su amabilidad, amistad, qué se yo. O se encaramara siendo claro. Me quedé hablando solo, en el momento de mayor inspiración (se había caído la llamada). Esa fue la primera vez que escuché la contestadora. No decía su nombre, pero mencionó: Pásala suave, y eso lo había colocado en el primer mensaje de texto.

Se trataba del mismo hombre fue un maravilloso resultado. Buscando conocerme en lo personal, halagar, presentarse con cierto temor, ideó el alías para los mensajes de texto. Y repito: con mis 19 años, el interés, la empatía que generaba este desconocido a través de los mensajes no era sexual o amorosa. Iba mucho más allá. Nunca había vivido eso, que me interesara por él sin saber que estaba detrás de los mensajes, hablaba de sincronía.

Me centró sin duda, llegó a mi con una aceptación cotidiana, gritando fuerte: Amor sin etiquetas. Me enseñó a columpiarme en la vida. La primera vez que estuvimos juntos, fue la primera vez que me hicieron el amor. Esta historia da fe que nos enamoras de una esencia, y que el alma es lo realmente importante, los cuerpos son recipientes. Por circunstancias, porque debía ser, nos distanciamos. Pero sí se mantuvo una profunda amistad, y a pesar de los años un coqueteo tácito (eso es amor).

Hoy no se encuentra físicamente para reírme con él, partió hace dos años este mes de septiembre, tengo por compañía su esencia. Mi primera novela es un homenaje a nuestro amor, al puntual crítico y al maestro excepcional que fue. Y tengo la certeza que nos encontraremos en otras vidas.

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jugodeparchita ¡Hola Rey! para que tu participación sea válida debes llenar la planilla de inscripción y enviarla al correo que indican las bases del concurso. Por otro lado, para que la foto pueda ser tomada en cuenta deberás colocarla sin intervención alguna. Mucha suerte.

almost 3 years ago