La cazadora de luz y el dador de juventud

Feb 18, 2021

Hola amigos ¿Cómo están? , esperamos que bien.

Hemos estado bastante perdidas por aquí, pero volvimos con más contenido, el cual llevábamos un poquito más de un mes preparándolo.

Se trata de una serie de historias de amor acompñadas cada una con su respectiva ilustración (obra de Adriana Castillo), con motivo del pasado 14 de febrero; día del amor y amistad.

Estamos muy contentas y satisfechas con el resultado de esta actividad, porque no sólo sumó dos colabodares más a nuestro Blog, sino que también ganamos dos buenos amigos: Ahnira Sang de México y Matías Cisneros de Argentina. A ellos les expresamos nuestra gartitud y cariño.

¡Gracias, chicos!

Sin más, hoy nos complace compartirles dos de estas historias. Empezaremos con Oriana Castillo y cerraremos el día con Ahnira Sang. Esperamos disfruten de todo este trabajo conjunto, el cual ya se encuentra publicado en nuestro Blog (link en la Bio).


La cazadora de luz

Eran las 4:00 de la tarde del 24 de junio de 2019, estaba cuidando a mi tía Elena en su cuarto de hospital, ya que hace dos días había sufrido un paro cardiaco. Ella tenía su mirada fija en la ventana que estaba junto a su cama, no me decía nada, pero no quise distraer su atención porque sabía era su hora favorita: cuando el Sol empezaba agonizar y se llevaba a la tumba el azul celeste del cielo, para dejar en su lugar lo que parecían pinceladas de tonos naranja, rojo y rosado de un dios en su momento de ocio. Así que sólo me dispuse a matar el tiempo viendo memes en Facebook, a la espera de que mi tía saliera de su trance.

-¿Te confieso algo mí querida Sofí?-, sin preverlo mi tía Elena rompió el silencio reinante en aquellas cuatro paredes, volteó a verme y una vez más me regaló su cálida sonrisa. Les parecerá tonto, pero de pequeña creía que mi tía admiraba con tanto afán el atardecer para comerse los últimos rayos de Sol y así, reconfortarnos a todos cada vez que sonriese. Por ese motivo, la apodé la cazadora de luz.

-¿Qué quieres decirme tía?- , le respondí dejando de lado mi celular.

-Soy una mujer bastante vanidosa y engreída, pero aun cuando mis dos pies están próximos a pisar los terrenos del más allá, no me arrepiento de nada. He tenido una buena vida, he sido profundamente amada y nunca he escatimado en hacer alarde ello. Incluso sé que muchos llegaron a envidiarme, pero si bien hay quienes tratan de las mil y unas formas de alejar este pecado capital de sí, yo hacia todo lo contrario, porque en el fondo me satisfacía ser blanco de su atención.

-¿Tía, por qué hablas de ti de esa manera y para colmo, en pasado?, nunca me has dado esa impresión, al contrario, siempre te he visto como una persona bondadosa y muy cariñosa. Sobre todo conmigo, eres como mi segunda madre, por eso no comprendo lo que dices. Además, el médico dijo que te recuperarías muy pronto y saldrías de este hospital, así que no estés comentando cosas sin sentido ¡Ya verás!, cuando menos lo esperes, estaremos compartiendo otra vez nuestra tarde semanal de café, torta y lectura en el porche de tu casa.

-Tienes razón mi rayito de luz, te prometo que te preparé tu torta favorita, la marmoleada de chocolate y vainilla. Pero tú te encargas del café, es tu especialidad-. Te tomaré la palabra, tía, así que mosca y no cumples tu promesa. - Descuida amor mío, pronto saldré de este hospital. Ahora vete a descansar, la regañona de mi hermana llegará pronto con más de sus reproches y chismes, y como es costumbre, yo fingiré escucharle. Tu madre me saca de mis casillas, la amo muchísimo, pero a veces no sé cómo no ha conseguido matarme aún-. Entre suspiros y más suspiros, mi tía se quejaba de su hermana Jimena. Aunque tenía un poco de razón, mi mamá podía llegar a ser un poquitito insoportable.

Le di un beso en la mejilla a mi tía y le prometí que regresaría la tarde del día siguiente a visitarla. Salí de la habitación y enseguida me cruce con William, el médico encargado de atender a mi cazadora de luz.

-¿Ya se va señorita, Sofí? - Si doctor William, pero regresaré mañana por la tarde ¿En cuánto tiempo estima usted podrá dar a mi tía de alta? - Su tía se encuentra estable, ha mejorado bastante, pero creo es prudente dejarla en observación por unos días más-. Entiendo doctor, sólo quiero regrese a casa pronto-. No se preocupe, así será, de momento está en buenas manos… Y Sofí…

-¿Sí, Doctor?

-Espero verle mañana nuevamente…

Las palabras del doctor me tomaron por sorpresa, me puse muy colorada y llena de vergüenza le aparté la mirada de sus ojos. No sabía que pensar, ¿Estará siendo cortés? ¿En serio me quiere ver, ay Dioooos?, aunque siendo sincera, el doctor no está nada mal, ujumm… ¡Bueeeno!…, respira Sofí, finge demencia y dile algo…

-Hasta mañana Doctor William, feliz guardia- ¡Aaaaah! Que seriedad la mía, ¡uy que estúpida!, creo debí ser más amable, ¿qué haría mi tía en estos momentos?, mientras pensaba sandeces me di la vuelta y me alejé lo más rápido que pude, no quería el doctor notara mi cara completamente sonrojada y mi sonrisa extraña.

Flores de lis y dientes de león

3:00 de la tarde del día viernes, salí apresurada de mi trabajo en la cafetería, quería llegar cuanto antes a ver a mi tía Elena. Monté mi bicicleta y corrí esmachetada hasta el hospital, sin embrago en el camino algo llamó mi atención y me detuve; vi una florería y por un momento me pregunté si sería buena idea llevarle a mi tía unas flores. Estaba indecisa, no quería remover amargos recuerdos, pero a ella le encantan flores, así que, ¿por qué no?, seguro se alegrarán. Compré sus favoritas, dientes de león y flores de lis; ambas no eran la mejor combinación en un ramo, pero por alguna razón a tía Elena le encantaban.

Llegué a tiempo al hospital y al entrar al cuarto de mi tía ahí estaba el doctor William, al que menos me quería encontrar…

-Buenas tardes señorita Sofí, que alegría verla por acá otra vez.

-Buenas tardes, doctor ¿Cómo está?

-Digamos que…, ahora mejor.

-¿No le entiendo? - Le dije un poco desconcertada.

-Su tía pasó muy bien la noche y está evolucionando satisfactoriamente poco a poco, eso me alegra mucho.

-Aaaah, era eso-, sentí mucho alivio al escuchar las palabras del doctor respecto al diagnóstico de mi tía. Pero al mismo tiempo estaba un poco decepcionada, pensé se había emocionado por verme entrar.

-Me retiro y les dejo a solas, en la noche volveré a verla señora Elena… Un gusto verla, Sofí, eso también me alegró mucho- Me dijo susurrante el doctor cuando salía de la habitación. Ese hombre sabía dejarme fría y sin habla, fue en ese momento que mi tía me dijo:

-¿Qué se traen tú y el doctorcito que siquiera me pides la bendición?

-¡Yo! Nada tía, nada.

-¿Tú crees que yo soy gafa y no me doy cuenta?, a leguas se nota que están coqueteando. Se ve que es un hombre gentil, atento y muy inteligente, además de guapo. Yo que tú, me echaría por ese barranco.

-Tíaaaa, qué cosas dices, haces que me avergüence. Entre el doctor y yo no hay nada, además dudo que le guste.

-¿Cómo no?, si eres un joven preciosa, alegre y sobre todo buena gente.

-Esa eres tú que me ves con ojos llenos de amor.

-Mijita de mi vida, pero si sólo los ojo llenos de amor son los únicos capaces de ver la belleza de tu alma.

-¡Ay no, tía!, no me vengas en estos momentos con esos comentarios rebuscados que nunca termino de entender ¿Sabes qué?, no me digas más nada que me da pena. Mejor olvidemos ese tema y ve lo que traje.

-¡Pero si son flores!, ya me preguntaba porque nadie había tenido la decencia de traerme flores para darle color a estas cuatro paredes grises.

-Me alegro te gusten, estaba dudando comprártelas, pues creí que…

No digas más, sé el motivo por el cual dudaste en comprarlas, es el motivo de todos… No te preocupes, estoy bien, no creas que soy tan débil. Además, para ser sincera, me molesta un poco que nadie quiera hablar sobre mi esposo.

-Lo siento tía, ya hace un año que murió el tío Juvenal y si nadie de la familia quiere hablar de ello, es para ahorrarte un momento amargo.

-Les agradecería que no estén haciendo suposiciones.

-Tía yo…

-Veo me trajiste dientes de león y flores de lis, me conoces bien, son mis favoritas-. Mi tía me interrumpió justo en el momento que iba pedirle disculpas, me percaté de su molestia, pero tampoco quería quedarme en silencio y zanjar más la incomodidad que se apoderó del ambiente. Así que pensé rápido y le pregunté:
-¿Por qué te gustan tanto esas flores? En mi humilde opinión no hacen una buena combinación; una es una flor con pétalos esbeltos y elegantes, mientras que la otra parece una simple hierba.

-Que observación tan cruel, sin embargo, no te quito la razón. Es verdad, ambas flores no hacen una buena combinación, incluso una vez le llegué a preguntarle lo mismo a Juvenal y me contestó: - hasta la más simple hierba puede guardar un gran significado, sólo debes concéntrate, tener paciencia y aprender a escuchar, ya que las flores hablan muy bajito y para colmo, tienen su propio lenguaje, uno que sólo los floristas como yo, conocen.

-Quien se iba a imaginar que mi tío Juvenal era poeta, que palabras tan ¿Profundas? Seguro te quedaste sorprendida ¿Cuándo te dijo eso, tía?

-Eso fue hace añales, mija, cuando tu tío estaba en planes de conquistarme.

-Ahora que lo pienso, no se mucho sobre como mi tío y tú se conocieron-. Era cierto, realmente sabía poco sobre la historia de amor de mis tíos, sólo unas que otras cosas que me contó mi mamá. Lo que es extraño, porque suelo pasar mucho tiempo con mi tía.

-Si quieres escuchar a esta pobre vieja, con gusto te echo ese cuento.

-¿Por qué no? Te escucho en un instante la sensación de incomodidad se esfumó y pude notar el cambio de ánimo en mi tía Elena, en sus ojitos brillosos se percibía su alegría. La alegría que parecía darle hacer remembranza del amor de su vida, mi tío Juvenal.

El florista y la señorita de la librería

Corría el año sesenta, yo era toda una jovencita que estudiaba para ser maestra y trabajaba medio tiempo en la librería del señor Manrique. Era un trabajo que me agradaba mucho, ya que el dueño me dejaba ojear los libros y me daba descuento cuando compraba alguno; todo un dos por uno.
Trabajaba de 7:00 de la mañana hasta medio día, luego de ahí salía corriendo para ir a la universidad. A veces ni tiempo de comer me daba, porque siempre andaba de aquí para allá, siempre ocupada y con algo que hacer...Ahora que lo pienso, solía ser muy descuidada.

De camino a la universidad había una florería, “Regálame Flores”, se llamaba; era un nombre peculiar, aunque ya el florista era bien conocido en la zona por sus ocurrencias. Siempre que pasaba por el local, me detenía por breves minutos a contemplar las flores y reírme al leer el cartel que reposaba encima de la santa María. Creí nadie lo notaba, hasta que un día un muchacho se me acercó a mí y me dijo:

-¿Por qué siempre te ríes cuando pasas frente a la florería?

-¿Reírme yo? ¿Cuándo me has visto riendo?

-Justo hace un instante, así que no trates de ocultarlo- me reprochó el extraño muchacho en tono bastante serio.

-No estés levantando falsos, ¡yo no me he reído!- Le respondí fingiendo molestia, pero en el fondo estaba apenada ¿En serio mi risa era tan descarada? Sólo en eso podía pensar.

-¿Entonces es falsa tu bella sonrisa?- Me dijo él, dejándome titubeante, así que sin pesar mucho le contesté:

-¿Acaso no puedo reírme? ¿Es un pecado? Reírse es gratis a menos que pagues por ver el show de un cómico.

-¿No que no te estabas riendo de mi tienda?

-¿Tú tienda? ¿Tú eres el florista raro que da tanto de que hablar?

-¿Ya va, qué? ¿Florista raro, eso se oye tan mal?-, en ese momento caí en cuenta de que había hablado de más, ahora estaba doblemente apenada y me excuse explicándole que me sorprendió que alguien tan joven fuera el dueño de la florería, pues creía se trataba de un hombre más viejo. Iba a disculparme cuando me interrumpió diciendo: -no te preocupes, yo no soy el dueño de la tienda, y el señor mayor del que hablas, es mi padre y sí, es un personaje muy extraño. Yo soy Juvenal, ¿tú cómo te llamas?

-¿Juvenal? Que nombre tan peculiar pensé en voz alta antes de responder la pregunta del muchacho. -Sí, lo sé, mi nombre es tan extraño como mi padre, es más que obvio que fue él quien me lo otorgó, pero no es que me desagrade-, comentó él ante mi descuido, y una vez más, mi cara se coloró de vergüenza. Así que tratando de fingir demencia, le dije:
-Sí, sí, aaaah, fíjate tú…este…, yo me llamo Elena y trabajo en la librería del señor Manrique. Por cierto, ¿Por qué tu tienda se llama “Regálame flores”?

-Mi papá dice que es una campaña publicitaria- ¿Cómo es eso, chico?- Es para atraer a los potenciales clientes, según la lógica de mi padre, cada vez que una pareja pase por acá y la chica lea el cartel en voz alta dirá: ¡Regálame flores!, entonces el chico sorprendido exclama ¿Cómo dices? Y la chica le repite, sí, mira, ahí dice: “Regálame flores”. Luego ambos quedaran tan cautivados que no podrán aguantar la tentación de entrar a la florería-. Al escuchar aquello tuve que contenerme para no reír, ahora entendía porque la gente rumoraba que el dueño de la florería era todo un personaje, traté de mantener la compostura al tiempo que le decía:

-¡Claaaaro! Tiene todo el sentido del mundo, tu señor padre es muy creativo…

-Por supuesto, mi papá es todo un visionario…, pero cambiando de tema, trabajas muy cerca de aquí ¿Te puedo ir a visitar en tu trabajo alguna vez?- Me pareció una petición muy osada y atrevida de su parte, apenas y nos acabábamos de conocer y ya me quería ir a visitar, me dije a mis adentros, ¿Qué se cree este?, respiré, hice una pausa dramática y lanzándole una mirada indiferente le respondí con una tono de voz digno: -si vas a comprar un libro, no encuentro ningún problema, todo cliente es bienvenido.


Ese fue mi primer encuentro con Juvenal, años después me enteraría que ese día el pobre hombre decidió armarse de valor para hablar conmigo y preguntarme mi nombre. Sabía la hora exacta a la que solía pasar frente a la florería, desde el mostrador me contemplaba, aunque se escondía un poco para que yo no le viese. Siempre me decía que al principio le parecí una muchacha odiosa y pretenciosa hasta que me vio sonreír. Desde entonces no dejó de pensarme y yo que le traté malísimo en aquel entonces.

El plan de conquista

Juvenal empezó a frecuentar la liberaría donde trabajaba, solía ir los lunes, miércoles y viernes entre las 9:00 y 10:00 de la mañana. Entraba con un pequeño arreglo de flores, pero antes de llegar al mostrador disimulaba un poco sus obvias intenciones mirando los libros, hasta que me decía: -buenos días señorita Elena ¿Cómo está?, le traigo el pedido del señor Manrique.

La primera vez le dije: -el señor Manrique no me comentó nada sobre un pedido de flores.

-¿Qué extraño?, el señor Manrique es amigo de mi padre y nos pidió hace unos días que le trajese flores, así alegraría un poco más la librería con su olor y colorido respondió Juvenal sonriendo simpáticamente mientras que con una mano se rascaba un poco la cabeza. -¿Dónde las pongo?

-Déjalas en el mostrador, -¿te gustan?, -si, están bonitas, ¿Qué flores son esas?- Le pregunté con un tono de voz indiferente, pero no lo suficientemente odioso para no parecer poco cortés.

-Son flores de lis y dientes de león, -Mummm, interesante…, seguro le gustaran al señor Manrique, gracias-. Y con la excusa del supuesto pedido del dueño de la librería, por tres meses, no hubo un lunes, miércoles o viernes que Juvenal dejase de traerme flores. Hasta que un día le dije: -Juvenal, que poco creativo eres, nunca traes un arreglo distinto. Siempre son flores de lis y dientes de león. Además, yo no sabré mucho de flores, pero en mi opinión, los dientes de león no combinan con las flores de lis. Una parece una simple hierba, mientras que la otra tiene pétalos más estilizados y elegantes. Él me miró y muy seriamente me dijo:

-Hasta la más simple hierba puede guardar un gran significado, sólo debes concéntrate, tener paciencia y aprender a escuchar, ya que las flores hablan muy bajito y para colmo, tienen su propio lenguaje, uno que sólo los floristas como yo, conocen-. Traté de disimular mi asombro luego de oír aquellas palabras y otra vez, mostrándome indiferente le pregunté: -si cada flor trasmite un mensaje ¿Qué nos dicen las flores de lis y los dientes de león?

Juvenal me apartó la mirada y la dirigió al mostrador, guardó un silencio incomodo por unos segundos, se le veía nervioso y con ganas de irse corriendo o al menos, esa fue la impresión que me dio. Pero no, no corrió, al contrario, levantó la vista de forma altiva y con mucha seriedad me respondió: -Los dientes de león significan felicidad y fidelidad. Las flores de lis son una muestra de amor y pasión ardiente…por favor, dígale al señor Manrique que le traje su pedido…

Juvenal salió sin decir nada más de la librería y para mayor crueldad, me dejó con la palabra en la boca. De repente mi pecho se contrajo y mi corazón latía tan rápido como el de un pequeño colibrí. Por primera vez en meses, no aparté la vista de la espalda de juvenal cuando se marchaba de la librería. Le quería decir algo, le quería salir con unas de las mías, me quería hacer la interesante, pero simplemente no podía, porque ese hombre me dejó fría. Luego de ese día, Juvenal no regresó más de visita y conforme pasaba el tiempo, empecé a sentir una profunda tristeza que habría de convertirse en ira…

-¿Por qué no viene?-, era lo que siempre me preguntaba cuando el reloj marcaba un poco más de las 10:00 y no veía a Juvenal entrar a la liberaría. - Ese insensato me dijo aquello ese día y no regresó más, ¿Quién le declara a otro su profundo amor y pasión candente, y se esfuma?, ni en la florearía lo he visto ¿Me estará evadiendo? ¿Acaso fue mentira lo que me dijo? A mi mente venían cual enjambre pensamientos en voz alta. Me obstiné y apenas dieron las 12:00 del mediodía y el señor Manrique llegó, salí furiosa de mi trabajo directo a la florería.

Una vez ahí inhale y exhale, y con paso firme entré a la tienda y pegué un grito: ¡Juvenal!, sé que estas aquí, así que no te escondas de mí, cobarde.

-¿Llamó usted, señorita? ¿Qué le puedo ofrecer? Le recomiendo nuestras rosas blancas, nos acaban de llegar y están muy frescas. Si gusta le quitaré las espinas y le haré un bonito arreglo. -Que arreglo, ni que arreglo, vine aquí para que expliques por qué no fuiste más a la tienda desde que dijiste aquello aquel día.  Disculpe usted, ¿yo le dije algo?, -ay que chistoso, ahora te haces el desentendido, ¡claro que me dijiste algo, ni que fuera yo loca!, ¿Qué es eso de amor, pasión ardiente y fidelidad? - El significado de las flores que le llevaba al señor Manrique, ¿qué otra cosa podría ser? Y todas estas, ¿por qué le debo dar explicaciones? Pensé le molestaban mis visitas…

-¡Aaaah!, entonces aceptas que si ibas a visitarme. Ya sabía yo que lo del señor Manrique era una excusa barata-. Estaba un poco histérica y Juvenal hacia que mi sangre hirviera cada vez más, porque se mostraba indiferente a mis reclamos. Él sólo estaba ahí quitándole las espinas a la rosas, hasta que de repente me dijo: -¡A sosiéguese, señorita Elena! Que va a espantar a los clientes, ¡tome!, le regalo esta rosa blanca para pedirle y decirle tres cosas: primero que me disculpe por haberla hecho enfadar; segundo, que salga conmigo; y tercero, pero no menos importante, esta rosa blanca es para recordarle que soy un hombre digno de su amor.

Otra vez me quedé fría y sin palabras, mi cara se tornó roja cual tomate maduro y no tenía forma de ocultarlo. Quería gritarle a Juvenal, cachetearlo y salir airosa de aquella situación tan humillante. Pero no pude, mi mente estaba en blanco y mi corazón hecho un nudo apretado.

-¿Qué me dices, aceptas salgamos en un cita? Volvió a preguntarme Juvenal con tono sereno y una amable sonrisa.


-¿Qué le respondiste tía Elena?, no me digas que te negaste.

-Ay mija, obvio que le dije que sí- mi tía me comentó aquello entre risas, al tiempo que me confesaba que cómo negarse ante la propuesta de mi tío, si durante meses se esforzó para conquistarla y al final, lo logró.

Mi tía siguió relatándome su historia de amor. Según ella, luego de la primera cita, se sucedieron muchas más, hasta que un día mi tío le pidió matrimonio. Mi tía Elena y Mi tío Juvenal, se casarón en noviembre del año 1968, mi tía tenía veinte años y mi tío veinticuatro. Eran bastante jóvenes, pero se amaban loca y apasionadamente y así, hasta llegar a viejos. Nunca tuvieron hijos, sólo eran Elena y Juvenal, una familia chiquita, con sus problemas como cualquier otro, mas siempre trataban de conciliar y contentarse. Jamás se les veía separados, aun en la vejez caminaban de la mano, bueno…en realidad si no se llevaba a mi tío Juvenal de la mano se desperolaba, ya que estaba un poco ciego. Si alguna vez esos dos se distanciaron, fue el día en que mi tío murió. Desde entonces mi tía Elena no fue la misma, su bella sonrisa como el Sol se apagó y poco a poco, su salud empezó a deteriorarse.

-¿Sabes por qué me gusta tanto el atardecer mi querida Sofí?

-¿Por los bellos colores del cielo? De pequeña me decías que te comías los rayos de Sol poniente para siempre lucir joven y radiante.

-Si, tienes razón, contemplaba al Sol y los bellos colores que tras de sí dejaba. Mi verdadero Sol a vislumbrar era Juvenal cuidando su vivaz jardín. Solía decir que sólo podía podar las platas en la tarde y no cuando el gran astro estuviera en su punto más alto, ya que era poco beneficioso para las plantas. Me sentaba en el porche a beber café y a leer, disfrutando de su silenciosa compañía. Además que tenía el jardín tan bonito y bien cuidado, que siempre era un lugar agradable a los sentidos. Pero al fallecer, se llevó sus flores con él y también toda mi vitalidad. Hay días que le odio por dejarme sola con tan pesada carga, no pude cuidar nuestro jardín, siempre tuve mala mano para la botánica porque soy de esas personas a quienes se les muere una sábila… Su ausencia me ha ensañado a extrañar y a conocer la más siniestra vacuidad del mundo ¡Oh Juvenal, me haces tanta falta amor mío!

Me contuve para no llorar, no le dije nada a mi tía, no sabía que decirle, siquiera entenderla, porque a mis tiernos veinticuatro años nunca había experimentado un amor tan profundo e intenso como el de ella. Así que sólo me limité a tomarla de la mano. En ese momento entró a la habitación el doctor William, por primera vez en su vida fue oportuno.

Luego de que el doctor terminara de chequear a mi tía, llegó mi madre para cuidarla. Les pedí la bendición a ambas y me retiré de la habitación, pero no sin antes prometerle a mi tía que la vería pronto. Lástima que no pude cumplir mi promesa…

Mi tía amaneció muerta el 30 de junio de 2019, sufrió otro ataque al corazón y esta vez no lo soportó. Su partida me sumió en una profunda tristeza, mi segunda madre ya no estaba y no sabía que hacer sin ella. Lo único que me reconfortaba era pensar que mi tío la extrañaba tanto, que no aguantó estar mucho tiempo sin ella, por eso se la llevó tan rápido y me la arrebató. Me dije esto a misma varías veces para sopesar el dolor y continuar con mi vida, aunque nunca dejé de tener muy presente a mi querida tía.

Un día a mi cafería entró una personita peculiar que no veía hace meses, era William, el médico que atendió a mi tía Elena. Charlamos largo y tendido mientras se tomaba un café de vainilla, al terminar pagó la cuenta y dijo: -¡Que flores tan bonitas!, -sí, son mis favoritas, flores de lis y dientes de león.
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Last Comments

sireiby ¡Hermanas Castillo!💓 esto es un Woooww 🥰han realizado un excelente trabajo, la ilustración está bellísima y los escritos ni hablar. Un gusto poder leerlos. Gracias 💫🙌💓💞

2 months ago

papelescrituraytinta Muchísimas gracias @sireiby , feliz de que te encante la historia que escribí 💃💃💃. Mañana, Dios mediante, seguiremos con más historias de amor para alegrar el corazón. 💞

2 months ago

sireiby @papelescrituraytinta Yooo soy una fan de las historias de amor, me encanta y disfruto. Gracias por complacernos con este regalo 💞💓

2 months ago

papelescrituraytinta @sireiby awwww que bella 🤩. Mañana seguimos con la historia de nuestra querida Ángela 😘.

2 months ago

2 months ago

papelescrituraytinta @ZumbumbiaAshley muchísimas gracias por leernos y tu calificación

2 months ago